La noche líquida propone nadar entre dos aguas, en medio del abismo, en ese instante donde la memoria se funde con los hechos, cuando las expectativas pesan más que la razón y nuestras aristas redibujan la frontera de lo real. Seres sin rostro en la negrura de un pantano, jazz en el cumpleaños de Hitler, hombres mojados y niños hechos a retazos, ojos vidriosos que atraviesan entrañas, dedos que sostienen cigarros junto a la piscina, mujeres que gritan desde las profundidades. Y alguien que corre en la oscuridad. Estos personajes anidan su miedo en lo acuático, lo que fluye, y sienten que la vida se les escapa entre los dedos, como cuando intentamos beber con las manos: el agua terminará escurriéndose en un charco que todo lo empapa. Y, aquí, bajo la superficie, ya trasluce una sombra.
La noche líquida propone nadar entre dos aguas, en medio del abismo, en ese instante donde la memoria se funde con los hechos, cuando las expectativas pesan más que la razón y nuestras aristas redibujan la frontera de lo real. Seres sin rostro en la negrura de un pantano, jazz en el cumpleaños de Hitler, hombres mojados y niños hechos a retazos, ojos vidriosos que atraviesan entrañas, dedos que sostienen cigarros junto a la piscina, mujeres que gritan desde las profundidades. Y alguien que corre en la oscuridad. Estos personajes anidan su miedo en lo acuático, lo que fluye, y sienten que la vida se les escapa entre los dedos, como cuando intentamos beber con las manos: el agua terminará escurriéndose en un charco que todo lo empapa. Y, aquí, bajo la superficie, ya trasluce una sombra.
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