Una investigación sobre nuestra persistente fascinación por el nazismo y el desmoronamiento del consenso moral de posguerraDurante casi dos mil años, la vida de Jesucristo ha sido nuestrabrújula ética, un imponente modelo de virtud que nos mostraba ladiferencia entre el bien y el mal. Pero el siglo XX trajo consigo unanueva referencia moral. A raíz de la Segunda Guerra Mundial, Hitler se convirtió en el símbolo del Mal con mayúsculas, la némesis porantonomasia. Ocho décadas después, seguimos obsesionados con sufigura: Hitler y el nazismo siempre están ahí, moldeando cómo pensamos y evaluamos la realidad.En este ensayo, Alec Ryrie sigue el rastro de esta fijación colectivaen la historia de las últimas décadas, las guerras culturales delpresente y la mitología pop ?de El señor de los anillos a IndianaJones? para mostrar cómo el antinazismo ha usurpado el papel queantaño desempeñara la religión. Pero también advierte que esta felaica no basta para afrontar los dilemas que acechan a nuestrassociedades hiperpolarizadas y cada vez más alejadas de los consensosde posguerra. Va siendo hora de encontrar una nueva brú
Una investigación sobre nuestra persistente fascinación por el nazismo y el desmoronamiento del consenso moral de posguerraDurante casi dos mil años, la vida de Jesucristo ha sido nuestrabrújula ética, un imponente modelo de virtud que nos mostraba ladiferencia entre el bien y el mal. Pero el siglo XX trajo consigo unanueva referencia moral. A raíz de la Segunda Guerra Mundial, Hitler se convirtió en el símbolo del Mal con mayúsculas, la némesis porantonomasia. Ocho décadas después, seguimos obsesionados con sufigura: Hitler y el nazismo siempre están ahí, moldeando cómo pensamos y evaluamos la realidad.En este ensayo, Alec Ryrie sigue el rastro de esta fijación colectivaen la historia de las últimas décadas, las guerras culturales delpresente y la mitología pop ?de El señor de los anillos a IndianaJones? para mostrar cómo el antinazismo ha usurpado el papel queantaño desempeñara la religión. Pero también advierte que esta felaica no basta para afrontar los dilemas que acechan a nuestrassociedades hiperpolarizadas y cada vez más alejadas de los consensosde posguerra. Va siendo hora de encontrar una nueva brú
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