Wolfgang Sandner nos brinda, por fin, el esperado salvoconducto a las celosamente custodiadas entrañas del artista; de cuya vida poco sabíase hasta la fecha. Su tiempo le llevó hacerse acreedor a la confianza del pianista, pero pudo regalarse largas conversaciones en los cuarteles de invierno de Jarrett y congeniar, además, con los que forman parte de la constelación artística y personal del genio. Desde su irrupción en escena cual niño prodigio,contando apenas siete años, a su posterior adiestramiento con Art Blakey y a su ulterior reclutamiento por algunos de los más grandes del jazz contemporáneo (Charles Lloyd, Miles Davis), Sandner nos conduce por el camino de su deslumbrante consagración hasta la plácida madurez que sonríe al artista, próximo ya a su septuagésimo quinto aniversario.
Wolfgang Sandner nos brinda, por fin, el esperado salvoconducto a las celosamente custodiadas entrañas del artista; de cuya vida poco sabíase hasta la fecha. Su tiempo le llevó hacerse acreedor a la confianza del pianista, pero pudo regalarse largas conversaciones en los cuarteles de invierno de Jarrett y congeniar, además, con los que forman parte de la constelación artística y personal del genio. Desde su irrupción en escena cual niño prodigio,contando apenas siete años, a su posterior adiestramiento con Art Blakey y a su ulterior reclutamiento por algunos de los más grandes del jazz contemporáneo (Charles Lloyd, Miles Davis), Sandner nos conduce por el camino de su deslumbrante consagración hasta la plácida madurez que sonríe al artista, próximo ya a su septuagésimo quinto aniversario.
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